La
participación ciudadana se desprende del mensaje de inclusión y de cambio que
ofrece la comunicación por medio del uso de herramientas educativas. La
comunicación abre el campo de acción para expresar ideas, conceptos, políticas
y liderazgos concretos en diferentes áreas y sirve para darle contexto y
dimensión a esos procesos que se quedan algunas veces en el papel. Pero la
comunicación debe adoptar los pasos de la educación para lograr esos
propósitos. Debe incluir metodologías claras, tiempos, proyectos y hasta
recursos para aterrizar las ideas.
Creo
que un ejemplo de participación ciudadana fue el movimiento de la Séptima
Papeleta, creado por jóvenes universitarios en 1990 y que desembocó en la
Constitución de 1991. En él la comunicación jugó un papel clave pues sirvió
para generar y difundir el mensaje de una nueva Colombia, de una nueva
generación de cambio que quería desmarcarse del narcoterrorismo y de la
corrupción. Los líderes del movimiento utilizaron los medios para difundir y
fortalecer ese mensaje y para construir a través de él una identidad que les
permitió que los colombianos se enamoraran de la propuesta en las urnas. Pero
no fue solo una estrategia de comunicación, en lo educativo se tejieron varias
aristas para que los ciudadanos entendieran que era la Séptima papeleta, para
qué servía y cómo debían votarla ese 1990. Construyeron un modelo que unía
educación política y comunicación y le enseñaron a los colombianos que bastaba
con insertar un papel en las urnas para abrirle paso a una nueva constitución.

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