Identidad, esa es la palabra clave a la hora de entender a la
comunicación como parte esencial de las redes y de la comunidad. Aquí los
individuos no se miden por el número sino por la apropiación que cada uno tiene
del grupo. En ese sentido se van construyendo metas comunes que son más fáciles
de cumplir si se tiene en cuenta que ya se ha construido un aparato colectivo
para hacerlas realidad. Aquí nace el concepto y el imaginario de que las redes
sociales en los últimos años no solo actúan para informar a gran escala sino
para ejercer control político y social y como fórmula de movilización
ciudadana.
Un ejemplo de este modelo puede ser la toma del Palacio de
Justicia, hace 30 años. En la época los medios electrónicos eran limitados y la
información se entregó por medio de la radio. Incluso, en el desarrollo de los
acontecimientos hubo una interrupción auspiciada por el gobierno en una clara
muestra de censura. Si estos hechos pasaran en la actualidad la comunicación y
las redes juagarían un papel distinto incluso capaz de cambiarle el rumbo a los
acontecimientos.
Por redes se hubiera buscado el cese al fuego y la difusión de
videos y de fotografías masivamente hubiera podido evitar las desapariciones y
las torturas. Así, el caso no hubiera quedado en la impunidad.
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